LA RECUPERACIÓN DE LA ACTIVIDAD DEPORTIVA

En abril de 1939 el CD Cuenca era una entidad paralizada. Si bien el fútbol no había parado en la ciudad durante la guerra (entre agosto de 1936 y abril de 1938 se disputaron decenas de partidos de muy diversa índole), la actividad de nuestro club se hallaba en suspenso. En las primeras semanas de la posguerra muchos de los antiguos rivales del Cuenca volvieron a ponerse en marcha, al tiempo que surgían en cada rincón de la ciudad infinidad de pequeños clubs. En la barriada colindante a la calle Cuenca dos equipos, el CD Europa y la UD Calasanz, alentados por antiguos directivos del Cuenca, se proclamaron herederos del espíritu y la actividad del histórico club, y se lanzaron a la disputa de partidos.

Dejemos hablar al cronista Vigilmo, testigo de aquellos días: «Se conocían todos y las sedes de ambos estaban a un tiro de piedra. En ambos clubs, sus fundadores habían tenido alguna o mucha relación con el CD Cuenca, y casi podría decirse que eran los descendientes de este histórico club; no obstante, eran amigos, pero como es natural surgiría una amistosa rivalidad. En el barrio, aún se podía denominar así, apareció el partidismo por el uno o por el otro, pero siempre en tono deportivo».

Esta situación de desunión del fútbol en el barrio duró apenas un año. En 1940 los dirigentes del CD Europa y la UD Calasanz expusieron la idea de sacar de la hibernación al Cuenca. «Las cosas no funcionaban lo bien que todos hubieran deseado», recordaba Vigilmo, «ya que aparecían nuevos clubs como mucho empuje y más solventes económicamente, y para poder competir había que potenciar a estos dos equipos de nuestro barrio. La idea no sé quién la expuso, pero se habló de una fusión y en principio todo fue un rumor (…), se confirmó y la fusión fue una realidad». El Cuenca volvía a la carga.